La OMS calcula que 1,3 millones de personas mueren al año por los efectos de la contaminación atmosférica. Se precisan acciones desde organismos e instituciones que se enfoquen a proporcionar una mayor calidad del aire.




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Los efectos de la contaminación atmosférica sobre la salud son demasiado numerosos. Corremos un gran riesgo tanto a corto como a largo plazo. La propia Organización Mundial de la Salud (OMS) ha advertido de las consecuencias de la mala calidad del aire en las ciudades. De hecho, ha incidido en el peligro que conlleva para la salud respiratoria.

Lo cierto es que ha quedado demostrado que la contaminación atmosférica incrementa notablemente el número de casos de pacientes con enfermedades respiratorias agudas y crónicas. Entre ellas destacan padecimientos como la neumonía o el cáncer de pulmón. También se ha contrastado una estrecha relación entre la exposición prolongada a la contaminación y las patologías cardiovasculares.

Consecuencias sanitarias de la polución urbana

La contaminación atmosférica incide negativamente y de diversas maneras a distintos sectores de la población. Las consecuencias sanitarias más graves las padecen aquellas personas que ya sufren una enfermedad.

A este hecho hay que añadir el hecho de que existen grupos de mayor vulnerabilidad. Entre ellos se encuentran las personas mayores, los niños y aquellas unidades familiares más deprimidas, cuyo acceso a la asistencia médica es más difícil.

La OMS asegura que alrededor de 1,3 millones de personas mueren anualmente por motivos relacionados con la contaminación atmosférica que existe en las ciudades. Más del 50% de esos decesos tienen lugar en países en vías de desarrollo.

Lo que queda completamente constatado es que los habitantes de las urbes con niveles elevados de polución están sometidos a un mayor índice de enfermedades cardíacas, afecciones respiratorias y cáncer de pulmón. Estas cifras caen significativamente en aquellas zonas urbanas con mejor calidad de aire.

Qué es la contaminación del aire

Una definición genérica sobre la contaminación del aire podría poner el acento sobre la presencia de una elevada cantidad de productos químicos tóxicos y ciertos compuestos nocivos. Cuando el nivel de estos elementos sobrepasa los límites considerados como “permitidos”, la calidad del aire representa un riesgo para la salud.

Este nivel inadecuado de elementos perjudiciales alteran las condiciones ambientales. Es el caso del efecto invernadero, el daño a la capa de ozono y el calentamiento global que acaban mermando nuestra calidad de vida.

Las causas de la contaminación atmosférica

La mala calidad del aire es tal vez uno de los mayores problemas ambientales y de salubridad que afectan a la sociedad actual. Existen causas que escapan a nuestro control, como la incidencia de las erupciones volcánicas o los incendios forestales.

Sin embargo, buena parte de la actividad humana está implicada en el deterioro de la contaminación atmosférica. Los procesos industriales, la minería, los medios de transporte, la construcción, el uso de combustibles fósiles… son algunos de los factores que más contaminan. Incluso, en actividades como la agrícola, el uso de pesticidas y productos químicos han terminado por contribuir a acrecentar los problemas atmosféricos.

· En la actualidad es habitual encontrar grandes urbes cubiertas por una espesa capa de niebla contaminante. Es conocida como smog y puede llegar a resultar tan intensa que sea prácticamente imposible respirar. En ciudades con un nivel preocupante de smog, muchas personas acaban por salir a la calle con mascarillas.

· La lluvia ácida es otra de las consecuencias de la contaminación atmosférica. El óxido de nitrógeno o el dióxido de azufre acaban uniéndose a las partículas de humedad ambiental. La consecuencia es una importante cantidad de compuestos nuevos que vuelven a la tierra a través de la lluvia. Somete al entorno y a los seres vivos a un grave peligro derivado de la contaminación.

· Es el turno del efecto invernadero. El origen hay que buscarlo en los gases que lanzamos a la atmósfera. Lo más destacable es que dejan atrapada la energía que surge del suelo terrestre. De este modo, se provoca el aumento de la temperatura y el sobrecalentamiento del planeta.

Problemas más comunes para la salud

Los enfermos crónicos, los pacientes de asma o EPOC, las personas con cardiopatías y, en general, la población vulnerable es violentamente afectada por estas condiciones ambientales que, de una manera altamente significativa, se ve expuesta a circunstancias que incluso pueden acabar con su vida.

No obstante, los problemas respiratorios no son los únicos que se incrementan con los efectos de la contaminación atmosférica. En verano solemos preocuparnos mucho por los daños que el sol puede producir en nuestra piel.

Sin embargo, pocas personas saben que la mala calidad del aire también lleva asociadas una serie de consecuencias negativas para nuestra salud dermatológica:

- Hinchazón de algunas zonas.

- Oscurecimiento de la piel y aparición de manchas.

- Tono más apagado y pérdida de luminosidad.

- Arrugas y efectos por envejecimiento prematuro.

- Poros obstruidos.

- Alergias y reacciones.

- Prurito y erupciones.

Por otro lado, los efectos del calentamiento global se hacen notar en otro tipo de circunstancias que afectan a la calidad de vida y provoca nuevos problemas sanitarios. Es el caso de la reaparición de epidemias que ya parecían controladas y que, con el aumento de las temperaturas, han aparecido de nuevo en el mapa epidemiológico y, además, con mayores problemas para ser controladas.

Algunos expertos en este apartado ponen como ejemplo las epidemias como el dengue o el zika. Cuanto mayor es el grado de humedad y de calor, incrementado por los efectos del calentamiento global y la contaminación, más rápidamente se reproducen los mosquitos que transmiten estas enfermedades. Está claro que el elevado CO2 ya tiene efectos graves sobre la salud.

Efectos de la contaminación atmosférica en los entorno industriales

Ya hemos mencionado anteriormente que la actividad productiva del ser humano provoca efectos sobre la ciudad como el smog. Muchas personas no dan la suficiente importancia a ese manto de niebla que está alertando visiblemente sobre el nivel de polución al que están sometidos los habitantes de ese entorno de aire viciado. A pesar de ello, esa capa de polución se puede traducir en un montón de síntomas, de mayor o menor gravedad, para la salud de las personas.

· Irritación del sistema respiratorio. Puede comenzar con una simple tos que, con el tiempo se haga más persistente o acabe desembocando en una enfermedad bronquial crónica.

· Recrudecimiento de procesos alérgicos. Las jornadas con mayores índices de polución o cuando llueve (lluvia ácida), se experimenta un aumento del nivel de contaminantes. Este hecho multiplica la sintomatología y la congestión que empeora la salud de los alérgicos. Al mismo tiempo, también contribuye a sensibilizar el sistema inmunológico de personas sanas, propiciando la aparición de nuevos alérgicos.

· Aumento de la probabilidad de padecer anemia. El smog va cargado de monóxido de carbono. Una de las consecuencias principales que incide en la salud es el hecho de que este compuesto obstaculice la adecuada oxigenación de los pulmones y la sangre. Esta circunstancia acaba derivando en la aparición de la anemia.

· Problemas dermatológicos. La piel absorbe todos los agentes contaminantes de este tipo de polución y ello se traduce en sensibilidad y enfermedades dermatológicas.

· Falta de concentración. Se ha demostrado que, sobre todo entre la población infantil, la mala calidad del aire provoca dificultades para concentrarse. De este modo, las tareas de aprendizaje se ven seriamente perjudicadas.

· Gripe. El aire no se renueva lo suficiente. Esto facilita que los patógenos se queden en suspensión y resulte más fácil el contagio.

· Empeoramiento de las enfermedades respiratorias. La falta de aire puro resulta una bomba de relojería para los pacientes con problemas respiratorios. La escasez de oxígeno y la alta probabilidad de contraer ciertas enfermedades víricas agravan el estado de quienes padecen bronquitis, asma, enfisema, EPOC, etc. En algunos casos, el desenlace puede resultar fatal.

Estos son solo algunos de los efectos de la contaminación atmosférica sobre la salud. Lo cierto es que se ha demostrado que su incidencia sobre nuestra calidad de vida es mucho mayor de lo que se estima entre la población.

Son muchos los órganos y las funciones del cuerpo que se ven afectadas por una mala calidad del aire. Es fácil que se padezcan síntomas como fatiga, dolor de cabeza, ansiedad, irritación de ojos y mucosas. También puede aparecer un funcionamiento anormal del aparato reproductor, el hígado, el bazo o el sistema nervioso.

En definitiva, hay que tener muy en cuenta los problemas que se derivan de respirar un aire de mala calidad, tanto a corto como a largo plazo. Por poner algunos ejemplos, queda claro que una persona que padece de asma debe hacer frente a la elevada posibilidad de sufrir una crisis asmática cuando la concentración de ozono a nivel del suelo es elevada.

Por su parte, siguiendo con la tarea de ejemplificar la seriedad de las consecuencias de la polución, los ciudadanos que se ven sometidos durante varios años a una condensación cuantiosa de partículas nocivas serán muy propensos a desarrollar afecciones cardiovasculares.

Cómo disminuir los efectos de la contaminación atmosférica

La OMS realizó una estimación muy significativa con respecto a las muertes prematuras causadas por la contaminación atmosférica. Según el organismo internacional, tomando como ejemplo las cifras de 2016, casi el 60% de estos fallecimientos fueron debidos a cardiopatías isquémicas y accidentes cardiovasculares.

Por otra parte, la cifra rozó el 20% para las muertes relacionadas con EPOC e infecciones respiratorias agudas. Más del 5% de las muertes prematuras relacionadas con la polución fueron achacables al cáncer pulmonar.

En 2013, el Centro Internacional de Investigaciones sobre el Cáncer de la OMS llevó a cabo una investigación. Este trabajo concluyó que “la contaminación del aire exterior es carcinógena para el ser humano, y que las partículas del aire contaminado están estrechamente relacionadas con la creciente incidencia del cáncer, especialmente el cáncer de pulmón. También se ha observado una relación entre la contaminación del aire exterior y el aumento del cáncer de vías urinarias y vejiga”.

Cómo proteger la salud pública

Es verdad que la mayor parte de los agentes provocadores del empeoramiento de la calidad del aire externo quedan fuera del control de las personas. Por ello, se necesitan acciones desde instancias superiores: ciudades, órganos normativos, sectores productivos, etc.

Ya contamos con actuaciones ejemplarizantes que ponen de manifiesto el éxito de ciertas políticas que han conseguido una notable reducción de la mala calidad del aire:

· Sector industrial. Uso de tecnologías ecológicas capaces de reducir las emisiones. Sistemas que mejoran la gestión de los desechos urbanos y agrícolas. Reducción y reciclaje. Utilización del metano de los vertederos como biogás.

· Sector energético. Promover acciones que garanticen acceder a opciones baratas de energía doméstica limpia. Priorización de las energías renovables.

· Sector transportes. Utilización de sistemas limpios que generen energía eléctrica. Promoción del transporte urbano y el uso de bicicletas en los núcleos urbanos. Uso de vehículos limpios y combustibles de bajas emisiones.

· Planificación urbanística. Diseño de ciudades más eficientes y ecológicas.

Con todos estos datos cabe señalar que la Agencia Europea de Medioambiente ha calculado que más de 30.000 personas mueren anualmente en España a causa de la mala calidad del aire. El mismo organismo ha estimado que dos terceras partes de los niños están en serio riesgo sanitario. Incluso puede peligrar sus vidas a causa de los riesgos medioambientales del entorno en el que se desenvuelven diariamente.

No queda más remedio que asumir que la polución deriva en efectos terriblemente preocupantes y es preciso llevar a cabo acciones para paliarlos. Es necesario tomar conciencia de la necesidad de lograr una mayor calidad del aire.

Una disminución de la contaminación atmosférica, a través de acciones, políticas y leyes adecuadas, consigue una reducción de las patologías cardiovasculares y respiratorias. La cifra se sitúa en torno a una bajada de los índices de entre el 15% y el 20%. Sin duda, los números no pueden ser más claros.