El clima frío y las bajas temperaturas de los aires acondicionados afectan negativamente a las vías respiratorias y bronquios. Pero ¿sabrías decir a qué nivel? Te lo contamos todo. ¡No te lo pierdas!


El uso cada vez mayor, particularmente en los países industrializados, del aire acondicionado en el hogar, en automóviles, hoteles y centros comerciales, ha puesto de manifiesto nuevos problemas de salud. Todos afectan a los bronquios y se relacionan con la exposición de las vías respiratorias al aire frío o, dicho de otro, estas enfermedades aparecen como resultado de someternos a cambios bruscos de temperatura.

Sin duda, todo ello forma parte de una problemática más profunda: la relacionada con la calidad del aire en ambientes interiores, como hogares u oficinas, donde pasamos más del 90% de nuestro tiempo.

En particular, si la exposición en interiores ocurre rápidamente y sin una adaptación gradual a temperaturas 2° o 3° más baja que el ambiente exterior, se aumenta el riesgo de afectar a los bronquios. Esto se complica aun más si la diferencia de temperaturas supera los 5° y la humedad se sitúa entre un 40% y 60%.

De hecho, el riesgo de padecer consecuencias negativas para el tracto respiratorio se dispara y el paciente corre el peligro de sufrir una exacerbación de los síntomas respiratorios de su enfermedad respiratoria crónica (asma y/o EPOC) en unas pocas horas o días.

Sorprendentemente, los efectos negativos del frío en los bronquios suelen desestimarse a no ser que el clima sea inusualmente frío o se extienda en una determinada área por más tiempo del habitual.

Además, la energía que consumen los aires acondicionados provoca un aumento de CO2 en la atmósfera, lo que favorece el incremento del calentamiento global. Por ello, se deben definir con mayor detalle las consecuencias que conlleva la exposición repetida al aire frío y cómo afecta a las vías respiratorias de los seres vivos. Logrando este objetivo, se podría ayudar a promover políticas medioambientales adecuadas y acciones de cara a la salud pública que nos ayuden a hacer frente a los desafíos del cambio climático y el calentamiento global.

Calidad del aire

El invierno, especialmente en las latitudes más altas, es la época más difícil del año para pacientes con enfermedades respiratorias crónicas. La inhalación de aire frío tiene efectos negativos en los pulmones y los bronquios de las personas con enfermedades respiratorias, especialmente si padecen asma.

Durante los meses más cálidos, el aire frío continúa siendo un problema debido al uso excesivo del aire acondicionado. De ahí que nos preguntemos sobre sus efectos en las vías respiratorias, especialmente cuando se programa a temperaturas muy frías (algo habitual en muchos países).

En los últimos años ha habido un mayor debate sobre la “calidad del aire interior”. Además, se está prestando una mayor atención a las patologías relacionadas, desde simples molestias térmicas hasta casos más graves, como el síndrome de desarrollo de enfermedades o el agravamiento del asma y el EPOC.

Impacto del frío y el aire acondicionado en la salud respiratoria

Los cuadros clínicos de enfermedades respiratorias suelen verse incrementados por las bajas temperaturas en el interior debido al aire acondicionado. Para los pacientes crónicos, cuyo bienestar respiratorio es precario, existe el riesgo de empeoramiento de síntomas. Las infecciones respiratorias suelen tener su origen en el aire frío, pues provoca una inflamación de los bronquios.

Otros factores desencadenantes a tener en cuenta, asociados con el resfriado y los agentes infecciosos, son el humo del cigarrillo, la contaminación urbana y la inhalación de contaminantes e irritantes presentes en el aire y en los entornos de trabajo.

Los pacientes con hiperreactividad bronquial tienen el riesgo de sufrir un broncoespasmo al respirar de forma continuada el frío del aire acondicionado. Se produce como consecuencia de inestabilidad en el equilibrio natural de las vías aéreas inferiores.

Inhalación de aire frío e hiperventilación

El daño a las bronquios y vías respiratorias inducido por el frío no solo se debe al efecto directo de la temperatura, sino que también depende de la hiperventilación. El enfriamiento de las vías respiratorias mejora al aumentar el flujo de aire en su interior. Respirar aire a 20°C a 15 l / min disminuye la temperatura traqueal a 34°C, mientras que respirar aire similar a 100 l / min disminuye esta temperatura hasta los 31°C. Por lo tanto, la hiperpnea de aire templado tiene efectos similares a la inhalación de aire frío.

Las vías respiratorias están revestidas por una fina capa de líquido conocido como fluido superficial de las vías respiratorias (ASL). La hiperpnea de aire frío puede hacer que el ASL se evapore a una velocidad mayor de la que puede ser reemplazado, lo que produce un secado y la hipertonicidad del ASL.

Cabe destacar que el contenido absoluto de agua en el aire subcongelado es prácticamente nulo, independientemente del nivel de saturación. Por lo tanto, mientras que el efecto del aire frío sobre la piel es principalmente refrescante, el efecto sobre las vías respiratorias es refrescante y seco.

En condiciones normales, la respiración nasal compensa en parte los efectos del aire frío. Por ello, durante el reposo o la práctica de ejercicio ligero, los síntomas respiratorios provocados por el aire frío incluyen la piel del rostro y la mucosa nasal, pero no las vías respiratorias inferiores o los bronquios.

Respuesta de los bronquios y vías aéreas al frío

Los mecanismos de respuesta de la inhalación de aire frío en las vías aéreas van más allá de los cambios del ASL. De hecho, se involucra un sistema integrado complejo que afecta al ASL, la mucosa, el músculo liso y los vasos sanguíneos.

El aire alveolar, en condiciones normales, está a 37°C. El gas alveolar está completamente saturado con vapor de agua a esta temperatura, perfectamente humedecido y calentado por las paredes del tracto respiratorio superior. El papel de estas paredes no se limita a permitir el intercambio gaseoso, sino que proporciona una gran superficie de contacto con el exterior y garantiza una protección adecuada frente a la deshidratación y el enfriamiento.

La inhalación de aire frío activa el epitelio para la secreción de sustancias proinflamatorias. Esa lesión epitelial determina la activación de cualquier nervio periférico expuesto. El control vasomotor en las vías respiratorias está mediado por los nervios parasimpáticos y simpáticos, que al liberar neuropéptidos como la sustancia P y el péptido relacionado con el gen de calcitonina (CGRP), pueden inducir una vasodilatación potente.

Se ha demostrado que la vasodilatación de los vasos bronquiales causa engrosamiento de la mucosa de las vías respiratorias, antagonizando los efectos de la hiperventilación. Además, estimula la hiperreactividad bronquial, lo que puede desencadenar ataques de asma.

Papel de las vías aéreas superiores frente al asma

Respirar aire frío provoca la broncoconstricción en asmáticos. Si la persona con asma se limita a respirar por la nariz durante una durante la prueba de esfuerzo, prácticamente se inhibe la respuesta broncoconstrictora de la vía aérea tras del ejercicio.

Sin embargo, como la nariz actúa como filtro externo frente al aire inspirado, está expuesta a riesgos ambientales. Esto supone una elevada frecuencia de morbilidad. Además de la predisposición atópica, es probable que los pacientes asmáticos tengan rinitis concomitante, lo impide un acondicionamiento adecuado del aire inspirado, afectando negativamente a su condición asmática.

Las estructuras mucosas de las vías aéreas superiores son particularmente sensibles al aire frío. Por ello, se ha investigado cómo son las respuestas nasales de la rinitis alérgica y no alérgica frente al aire seco y el frío. Estos estudios están demostrando la importancia del clima frío como desencadenante de la patogénesis de la rinitis, que a su vez es un factor de riesgo para el desarrollo de asma. Por todo esto, se hace imprescindible estudiar las épocas frías asociadas al cambio climático para evaluar el riesgo de asma.

Microclima

El microclima se refiere a los parámetros de temperatura, humedad relativa y velocidad del aire que afectan el intercambio de calor entre el individuo y el medio ambiente. Los valores de estos parámetros deben mantenerse dentro de rangos muy estrechos para mantener unas condiciones ambientales ideales donde el sujete experimente un bienestar térmico.

En este contexto, es necesario que todos los parámetros del microclima se ajusten adecuadamente. El cuerpo humano está equipado con sofisticados sistemas termorreguladores que, sin embargo, pueden verse alterados por las condiciones ambientales.

Cuando hace demasiado calor, el sistema de termorregulación activa una serie de mecanismos que pueden enviar calor al exterior. Por otro lado, cuando hace demasiado frío, el sistema limita la dispersión del calor. El microclima puede afectar los intercambios de calor entre las personas y el medio ambiente y, en algunas situaciones, obstaculizar los mecanismos de termorregulación.

Por ejemplo, los altos valores de humedad en verano pueden aumentar las molestias relacionadas con el calor. El gran porcentaje de humedad de esta época dificulta la evaporación del sudor, afectando al sistema de termorregulación del cuerpo. Esto explica por qué, cuando hace calor y la humedad relativa es alta, el cuerpo humano tolera peor las molestias de las altas temperaturas y las percibe de forma más intensa que lo que verdaderamente es.

Otro ejemplo lo tenemos con la sensación de incomodidad y frío cuando hace viento. En este caso, la razón es que la velocidad a la que el cuerpo pierde calor es más rápida. Por lo tanto, la sensación de “calor” o “frío” siempre se vincula a la temperatura real y las condiciones ambientales del momento.

Cómo afectan los aires acondicionados al microclima

En cuanto a la salud de los bronquios y las patologías asociadas al uso de sistemas de acondicionamiento, pueden verse muy afectadas por un mal microclima. Los aires acondicionados suelen ser fuentes peligrosas de contaminación biológica o química, especialmente si están mal diseñados, sucios o requieren mantenimiento.

La respiración nasal de aire frío induce una congestión de los senos venosos en la submucosa, lo que provoca congestión, estornudos y rinorrea, tanto en sujetos sanos como riníticos. Sin embargo, estos síntomas se disparan al padecer rinitis crónica o asma.

La hiperpnea de aire frío provoca broncoconstricción en sujetos asmáticos, especialmente en niños y jóvenes. Además, la broncoconstricción y la hiperventilación con aire frío también provoca tos. La tos y la broncoconstricción parecen ser respuestas independientes, ya que el pretratamiento con salbutamol bloquea la broncoconstricción provocada por el aire frío, pero no tiene ningún efecto sobre la tos.

Las respuestas a largo plazo de la exposición al frío incluyen todas las alteraciones de las vías respiratorias y bronquios mencionadas. Todas comprenden un aumento en los granulocitos del líquido de lavado broncoalveolar, pérdida del epitelio ciliado, engrosamiento de la lámina propia con aumento de las concentraciones de células inflamatorias, hiperreactividad y obstrucción de las vías respiratorias.

El último grupo incluye la broncoconstricción, provocada por el enfriamiento facial o de la vía aérea superior. Aunque las dificultades respiratorias que causan en personas con función pulmonar normal son prácticamente nulas. Sin embargo, para un paciente con insuficiencia pulmonar grave, estas respuestas pueden ser de importancia clínica.

Aire acondicionado e infecciones respiratorias

La exposición a los aires acondicionados altera las vías respiratorias y bronquios, especialmente si se padece asma o EPOC. Además, desencadena síntomas relacionados como falta de aliento, sibilancias, flemas y aumenta la susceptibilidad a las infecciones.

Además, los aires acondicionados esparcen fácilmente patógenos como bacterias vegetativas (estafilococos y legionelas), hongos (Aspergillus, Penicillium y Cladosporium spp y Stachybotryschartarum), virus entéricos (noro y rotavirus), virus respiratorios (gripe y coronavirus), micobacterias (tuberculosas y no tuberculosas) y formadores de esporas bacterianas (Clostridium difficile y Bacillus anthracis).

Por su parte, los hongos representan una amenaza para la salud en ambientes cerrados. Las infecciones fúngicas pueden ser particularmente graves en pacientes inmunocomprometidos, especialmente las esporas de Aspergillus spp. Las esporas de hongos se aerosolizan con el suministro de agua y recorren grandes distancias con las corrientes de aire, siendo altamente resistentes en el medio ambiente.

El factor más importante para el crecimiento de hongos en ambientes cerrados es la humedad. Por lo tanto, se debe prestar especial atención para mejorar la calidad del aire en espacios cerrados, incluyendo las corrientes de aire acondicionado. Es muy recomendable contar con humidificadores antibacterianos.

Por todo esto, se deben definir con mayor detalle las consecuencias asociadas a una exposición continuada al frío de los aires acondicionados. Estos aparatos pueden condicionar el funcionamiento de las vías respiratorias y los bronquios, especialmente si la persona padece alguna enfermedad respiratoria. Quizá así se promuevan las políticas adecuadas para mejorar la salud pública.