La actividad física es fundamental para la buena calidad de vida de las personas. Los asmáticos deben extremar sus controles médicos y elegir qué ejercicio practicar y dónde hacerlo. Asma y deporte pueden compaginarse con cierta facilidad.


La actividad física es recomendable para todas las personas, independientemente de su edad. La razón es que practicar ejercicio de forma regular reporta numerosos beneficios para el ser humano. Sin embargo, es importante tener en cuenta ciertos factores para que puedas sacar partido a tu rutina física sin padecer ninguna contraindicación. En este caso, ¿son compatibles asma y deporte?

Lo cierto es que el asma y la actividad deportiva no tienen por qué estar reñidos. Es más, el asmático debe tender a normalizar todos los aspectos cotidianos de su vida y eso también incluye la práctica del deporte.

Hay que tener en cuenta que el deporte refuerza el sistema inmunitario y ayuda a prevenir numerosas enfermedades. Además, se han constatado sus bondades fisiológicas, con la mejora de la función cardiorrespiratoria y musculoesquelética. También posee efectos psicológicos positivos, como el aumento de la autoestima y el fomento de la capacidad de socializar.

Qué es el Asma Inducida por Ejercicio

A pesar de todo el potencial que conlleva practicar deporte de forma regular, cierto sector de la población de asmáticos pueden sentir que su dolencia se desencadena o se agudiza cuando se está ejercitando. Es el momento de explicar qué es el Asma Inducida por Ejercicio o AIE.

Entre los diferentes tipos de asma el AIE ocupa un lugar predominante como una reacción que se desencadena con cierta frecuencia, sobre todo durante la práctica de determinados deportes de alta intensidad.

El asma inducida por el ejercicio hace referencia a la obstrucción de las vías respiratorias provocada por el ejercicio. Esta obstrucción, aguda pero reversible, hace difícil el tránsito del aire. Las consecuencias se traducen en una serie de síntomas:

· Opresión en el pecho

· Dificultad para respirar

· Golpes de tos

· Pitidos (sibilancias)

Comportamiento posterior a la crisis inmediata

Por lo general, esta sintomatología suele hacer acto de presencia entre un par de minutos y un cuarto de hora después de realizar el esfuerzo. En la mayoría de los casos, la recuperación se produce espontáneamente y los síntomas desaparecen entre 20 y 90 minutos tras la crisis asmática.

No obstante, la experiencia avisa de que el asmático queda sometido a un periodo refractario post esfuerzo. La duración oscila entre las 4 y las 10 horas. En este espacio de tiempo es habitual que al realizar una nueva tanda de ejercicios no se padezcan más sintomatología relacionada con el asma.

De todas maneras, es conveniente saber que algunos pacientes pueden verse sometidos a algunas manifestaciones asmáticas entre 2 y 4 horas tras la realización de la rutina deportiva. Aún así, estos vestigios se caracterizan por resultar más leves que los que se padecen durante la crisis de asma más inmediata.

El paciente asmático debe ser consciente de cómo puede ser la crisis de asma inducida por el ejercicio. En este caso, la intensidad del AIE está muy vinculada con el grado del esfuerzo que se realiza y el tiempo que se emplea en ello.

Está claro que la actividad prolongada e intensa, como puede ser una carrera de semifondo, resulta más peligrosa. Por ello, es recomendable que los asmáticos se ejerciten con pruebas deportivas intermitentes, aunque sean intensas.

Cabe destacar que en algunas ocasiones, el AIE puede manifestarse como única sintomatología del asma. Esto suele suceder, sobre todo, en niños y adolescentes. Los datos manejados por los especialistas señalan que, entre la población juvenil que no se reconoce como asmática, existe una proporción de afectados por este cuadro asmático que fluctúa entre el 10% y el 25% de sujetos.

Sin embargo, los números resultan ser más rotundos entre los asmáticos más controlados. En este caso los índices se disparan hasta el 70%-80% de afectados.

Por qué sucede este tipo de asma

Debe quedar claro que asma y deporte no deben ser antagónicos y que, en la mayoría de los afectados, la actividad deportiva les ayuda físicamente y también contribuye a que su calidad de vida sea mejor y similar a la de las personas que no han desarrollado una afección asmáticas.

No obstante, no podemos ignorar a esa proporción de pacientes que se ven afectados por el asma inducida por el ejercicio. ¿Por qué se produce? Para ello debemos recurrir a un símil que simplifica los conceptos y muestra muy bien la causa del AIE.

Las vías respiratorias intervienen en diversas funciones importantes para el cuerpo. Por ejemplo, se comportan como un “radiador” y se dedican a calentar y humedecer el aire. De esta manera, llega en las mejores condiciones a los alveolos, donde se realiza el intercambio de oxígeno.

Cómo se interfieren asma inducida por el ejercicio y vías respiratorias

La razón esencial del AIE se produce debido a un enfriamiento excesivamente rápido y con demasiada intensidad de las vías respiratorias. Esto afecta a los bronquios y, a ello, hay que sumar que decae el nivel de humedad de la mucosa que les sirve de recubrimiento. Todo esto sucede mientras el afectado está realizando deporte de manera intensa.

Es preciso recordar que la nariz debe ser incluida como parte importante de las vías respiratorias. Su función es fundamental. Por supuesto, calienta y humedece el aire que se respira. Pero, también, se comporta como un filtro natural. Gracias a ella se evita el paso de partículas hacia los bronquios.

Hay que recordar que menos del 20% de los asmáticos se libran de padecer rinitis. Esto significa que suelen presentar una mucosa nasal inflamada y que, por tanto, no puede funcionar a pleno rendimiento.

Para paliar esta situación, la persona afectada debe recurrir a la respiración por la boca. Esta fórmula facilita la aparición de una crisis asmática. Una rinitis mal controlada es sinónimo de asma mal controlado. El conjunto deriva en una peor tolerancia a la práctica de ejercicio. Es una de las muchas manifestaciones que evitaría un desarrollo personal normal y una buena calidad de vida.

Hemos de tener estos factores en cuenta para que el AIE no haga su aparición. Además, hay que controlar la temperatura y la humedad del aire que se inspira. Cuanto más frío y más seco resulte mayor es la pérdida de calor y agua de los bronquios. Esto es terreno abonado para la aparición de la crisis asmática.

Hay que evaluar estos riesgos. Con asma resultará más arriesgado los deportes de nieve que aquellos que se practican en un ambiente templado y húmedo como, por ejemplo, nadar en una piscina climatizada.

Deporte y asma bronquial alérgico

Aunque intentamos normalizar el hecho de que los asmáticos deben incorporar el deporte a su vida cotidiana, su práctica debe llevarse a cabo manteniendo diferentes consideraciones. Ya sabemos que, en ciertos momentos, los desencadenantes inespecíficos pueden resultar el detonante para que hagan su aparición algunos síntomas asmáticos: respirar aire frío, humo de tabaco, un ataque de risa, una crisis de llanto…)

Siguiendo este discurso hay que hacer una parada para hablar sobre las personas afectadas por asma bronquial alérgico. Suponen el 80% del total de la cifra de asmáticos. Ellos también pueden padecer síntomas de asma inducida por el ejercicio físico. Sobre todo suele suceder cuando practican su deporte en lugares con una carga de alérgenos.

Un ejemplo claro lo tenemos en aquellos asmáticos alérgicos al polen que realizan actividad física al aire libre en primavera. Otro ejemplo muy visual es el del alérgico al tejido epitelial de los caballos y, sin embargo, se decantan por la equitación.

Estas circunstancias, llamémoslas ambientales, son factores que no pueden ignorarse. Es más, debido a ellas, los pacientes con mayor sensibilidad pueden verse sometidos a una grave crisis de asma.

Qué hacer para conjugar asma y deporte

Existe una serie de cuestiones a tener en cuenta que pueden evitar la aparición del AIE. Aunque, una de las medidas imprescindibles debe ser actuar con sentido común y mantener un control médico adecuado y periódico.

La práctica regular de una actividad deportiva implica que el asmático siga al pie de la letra el tratamiento prescrito por su médico. Según el nivel de la afección, el especialista determinará cuál es el procedimiento adecuado que necesita cada paciente en particular.

Es posible, incluso, que sea precisa la administración de broncodilatadores o el uso de inhaladores de cortisona, entro otras muchas opciones. En cualquier caso, la finalidad de estos tratamientos será la de minimizar cuanto se pueda la sintomatología del asma, tanto en reposo como cuando se está practicando ejercicio.

Comportamientos y deportes más adecuados para asmáticos

Asma y deporte pueden coexistir en la vida diaria. Lo cierto es que la mayoría de los especialistas aconsejan que los asmáticos normalicen su jornada todo lo posible. Ello sirve de acicate para la consecución de una buena calidad de vida.

Por lo tanto, el deporte y el asma no están reñidos. Ahora bien, los asmáticos deben tener en cuenta algunas cuestiones importantes y seguir ciertos consejos.

· Deportes más aconsejables. La natación es una de las prácticas deportivas más aconsejadas, gracias a las condiciones medioambientales en las que se desarrolla; las actividades recreativas, sin afán de competición y llevadas a cabo a un ritmo adecuado, por puro placer y esparcimiento; los deportes de equipo, que facilitan los momentos de relajación; todos los que no exigen un gran esfuerzo físico.

· Cuidado con los desencadenantes. Hay que ser muy prudentes con las actividades deportivas que obligan a realizar un esfuerzo físico de intensidad y, además, durante un periodo prolongado. Las carreras de fondo o los runners que se ejercitan al aire libre resultan un buen ejemplo. El aire frío de la época invernal o la concentración de polen en primavera pueden resultar fulminantes para un asmático que sufra una crisis grave.

· Ojo con los más pequeños. Evidentemente, es responsabilidad de los progenitores el reconocimiento previo del niño con problemas respiratorios. Los padres deben, además, facilitar a los educadores un informe detallado sobre la enfermedad del pequeño. En el escrito, realizado por su médico, se debe recoger cómo deben actuar los educadores y qué recomendaciones seguir para incorporar el deporte a la vida del niño de una manera segura.

· Educación Física. El asmático debe realizar sus clases de Educación Física con total normalidad. Eso sí, hay que estar atento a los indicadores de una crisis de asma: tos, sibilancias, respiración dificultosa…) Ante estas manifestaciones deberá parar su ejercitación de manera temporal. Cuando la salud respiratoria sea recuperada, el asmático podrá volver al ejercicio de manera gradual y progresiva. Deberá evitar la actividad extenuante y tendrá que interrumpirla ante la aparición de cualquier indicio.

· Prudencia. No se debe practicar ningún deporte mientras se tengan síntomas. También hay que abstenerse durante el periodo en que se padezca alguna infección respiratoria que pueda agravar el asma. Igualmente, es preciso evitar la realización de actividad física en ambientes desencadenantes: presencia de alérgenos, humo, polución…)

· Tener a mano la medicación. El deportista asmático debe llevar siempre encima su medicación. De este modo, podrá actuar rápidamente en caso de que aparezcan los primeros síntomas.

Como ya hemos analizado, es importante saber que asma y deporte no están reñidos. Solo es preciso elegir bien la actividad física que se va a realizar, el lugar y cumplir con cierto procedimiento para que el asma inducida por el ejercicio permanezca lo más alejada posible.

Es muy importante normalizar las circunstancias para la población asmática. El deporte es un eje fundamental en la educación de los niños y una actividad muy sana para los adultos. Por ello, hay que trabajar para convivir con asma y deporte. El asma no debe ser un obstáculo para el disfrute de las actividades deportivas. Solo es preciso que el paciente cumpla con el control que le exige su enfermedad.